9788471019585
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De una forma coloquial, como si fuera una conversaciónpráctica entre colegas, voy explicando mis experiencias de los últimos veinticincoaños con el abordaje del dolor en la Unidad de Dolor del Hospital San Franciscode Asís, de Madrid.
Me formé en España con los doctores Espejo y Madrid Arias,alumnos directos del doctor John Bonica.Trabajando en Roma con el Doctor Arcuri, famoso porsu destreza y ausencia de miedo a los riesgos, logré desarrollar ciertacotidianidad en bloqueos nerviosos, haciéndolos prácticamente indoloros einocuos, hasta el punto que, en un mismo acto clínico, he podido realizar hastacuatro e, incluso, seis bloqueos.
El doctor Antonio Espejo aconsejaba: "Conociendo bienla anatomía y los puntos de referencia puedes inventarte cualquier bloqueonervioso que desees. Usa pocos fármacos, pero conócelos muy bien, para detectarrápidamente sus posibles reacciones adversas, si las hay, y conocer siempre losmárgenes en los que puedes moverte. Invéntate el material con el que vas aconseguir llegar a donde quieras, en las condiciones que quieras. Eliminariesgos."
Cuando empecé a dirigir la Unidadde Dolor del Hospital San Francisco de Asís me preocupaban muchísimo lascomplicaciones que había presenciado como residente en las distintas unidadesdel dolor, tanto en Madrid, en el Hospital La Paz, como en Roma, en losHospitales Universitarios Tor Vergatay La Sapienza. Así que, para ahorrar riesgos y complicaciones, tenía muy encuenta la balanza riesgo/beneficio. Comencé a disminuir las dosis delanestésico local y, desde 10 cm3 de bupivacaína por bloqueo, bajé, con el tiempo, hasta 2 cm3, e incluso hasta 1 cm3 dependiendodel bloqueo, sin alteración del resultado analgésico. Fui añadiendo fármacosregeneradores, antiinflamatorios, antioxidantes,etc., consiguiendo unos resultados espectaculares y sin la menor complicaciónpara los pacientes, ni en la unidad, ni posteriormente.
Como podía practicar varios bloqueos por acto clínico, paraque el paciente lo tolerara fácilmente tuve como objetivo disminuir el dolor eincluso la molestia del bloqueo, para lo cual empecé a cambiar de agujas,usándolas cada vez más finas y menos agresivas. Utilizo, además, cloruro deetilo en spray, Cloretilo, para congelar la zona quepreviamente se va a pinchar. El resultado es que el paciente no se entera.
En las explicaciones de losmateriales y fármacos que utilizo soy de una gran sencillez, como podría ser enuna conversación con un colega que pregunta: ¿la aguja que usas cuál es, laverde normal intramuscular?, ¿y de ese fármaco, cuántos cm3 pones? o ¿cómo lo puedo localizar y de qué laboratorio es?
Cuando conocí a la Dra. Melzac, deToronto, considerada una puntera en el tratamiento del dolor, me quede muydecepcionada ya que su discurso terapéutico no iba tan encaminado a bloqueosnerviosos agresivos como hacia los problemas psicosomáticos del paciente. En Tacoma, Seattle, cuna de John Bonica, inventor del bloqueonervioso, me pasó lo mismo: los tratamientos se decantaban hacia elconocimiento de la psicosomática del enfermo. No entendía ese cambio. Nuncapensé que, al cabo de los años, mi práctica médica me iba a conducir por losmismos derroteros.
Cualquier médico que sepa "pinchar", escuchar alpaciente y esté deseoso de eliminar su dolor está en condiciones de llevar a lapráctica este manual de ayuda en el tratamiento del dolor crónico benigno.
Dra. MaríaIsabel Heraso Aragón
Directora de la Unidad de Dolor
Hospital SanFrancisco de Asís
Madrid, España
Fundadora y Presidenta
FundaciónInternacional del Dolor
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